sábado, enero 10, 2026
No capacites a tu reemplazo. (Sobre Eleven Labs)
Cómo la timba del mango fácil está liquidando la locucion y el doblaje desde adentro. Por Rob Marley.
Hace poco, un locutor y actor de doblaje subió un link a Reddit que llevaba a una web armada con IA. Ahí explicaba cómo sentía que lo habían estafado con los pagos de su clon de voz en ElevenLabs. La página es detallada: números de uso, lo que esperaba cobrar, los plazos. Parece el descargo de alguien que intenta hacer cerrar una promesa con un balance que no le da ni de casualidad.
Que tenga razón con los números es casi lo de menos. Lo que importa es lo que la situación dice de fondo.
Cuando salió la clonación de voz, muchos abrieron el paraguas con razón: una tecnología nueva que la gente no termina de entender debería hacer que los locutores y doblajistas la piensen dos veces antes de mandarse de cabeza. Pero, a pesar de las advertencias, un montón de gente se apuró a subirse al tren. No pensaban en la ética ni en qué iba a pasar después. Pensaban en el ingreso pasivo. La oferta era tentadora: grabás una vez y dejás que tu clon digital haga el laburo. Te tirás a "descansar" mientras caen los dividendos. Sin castings, sin retomas, sin clientes; solo guita que aparece mientras hacés otra cosa.
Esa fantasía salió cara.
Muchos se convencieron de que eran unos vivos bárbaros. Tipos con visión, que se estaban atajando del cambio. Algunos lo vendieron como "adaptación". Otros lo vieron como plata de arriba. La idea de que esto podía vaciar la industria ni se les pasó por la cabeza, o la despacharon con las excusas de siempre sobre el progreso y lo inevitable.
Ahora la realidad les dio un cachetazo: los pagos son monedas. El uso es un subibaja. Las plataformas manejan los hilos de todo lo que importa. Las condiciones te las cambian por abajo de la mesa. Los reportes son cualquier cosa menos claros. Las voces entran en una bolsa común, se liquidan, se normalizan. El que puso la materia prima no pincha ni corta una vez que el sistema arranca. En ese punto, sos un espectador mirando numeritos en un panel, rogando que signifiquen lo que vos creés.
Las empresas de IA están para escalar. Optimizan volumen y bajan costos. Los que aportan son piezas intercambiables. Una vez que juntaron datos suficientes, lo que valga cada uno individualmente cae en picada. Así funcionan estos sistemas. Esperar lealtad o un trato justo de esa estructura es de ingenuos.
Lo que da más bronca es que el daño no se queda solo en los que se metieron. Cada clon entrenado le baja la vara a todo el resto: las tarifas se hacen bosta. Los clientes empiezan a dudar de por qué pagarle a un humano cuando una voz sintética zafa lo suficiente para lo que necesitan. La industria cambia, y los que ayudaron a que esto pase se sorprenden de que no les hayan guardado una silla en la mesa. Nunca se las iban a dar.
No se trata de odiar la tecnología. Las herramientas cambian y el laburo evoluciona. Es lo normal. Se trata de tener criterio. De darse cuenta de cuándo te están pagando para que te serruches el piso solo y entender que un mango rápido hoy puede costarte muchísimo más de lo que te da.
Vender tu voz siempre fue parte del laburo. Entregar lo que te va a reemplazar es cruzar una línea muy distinta. Una vez que perdés ese control, el arrepentimiento no te lo devuelve. No hay vuelta atrás. No hay reclamo que valga cuando la plataforma decide que ya no le servís.
Ese posteo en Reddit es un aviso: se vienen muchas más historias así. Los sistemas van a mejorar. La guita va a ser menos. El poder se va a seguir alejando de los que se creyeron más vivos que nadie.
Los actores de doblaje y locutores tienen que pensar más allá de un puñado de dolares. No entrenen a su reemplazo. No importa qué tan brillante parezca la oferta. Cuando alguien les ofrezca plata para ayudarlos a sacarse de la ecuación, créanles. Cuando el espuma baje, algunos van a seguir en pie. Otros se van a quedar escuchando a otro decir las palabras que no querían oír: "Te lo dijimos".
Para los que recién arrancan, esto no es el fin del mundo. El camino nunca fue ser más ruidoso, rápido o barato que una máquina. Siempre se trató de ser humano de formas que un sistema no puede caretear por mucho tiempo: el gusto, el criterio, el saber escuchar, el timing, la adaptación. La capacidad de leer el ambiente y resolverle un problema a otro cara a cara. Esas cosas siguen pesando. Y siempre va a ser así. El laburo que sobreviva no va a venir de modelos de entrenamiento ni de buscar el camino corto. Va a venir de los que ponen el cuerpo, hacen la tarea y construyen confianza sesión tras sesión. Ese camino no tiene luces de neón, pero es el posta. Y todavía está ahí.
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