miércoles, febrero 18, 2026

 

¿La radio está confundiendo la repetición con la familiaridad?

Durante décadas, la radio funcionó bajo una creencia grabada a fuego:

Si lo repetimos mil veces, se vuelve familiar.

Si se vuelve familiar, termina gustando.

Si gusta, el rating sube.

Suena lógico. Hasta suena científico. Pero está peligrosamente incompleto.

El error de cálculo

La interpretación de la "familiaridad" en nuestra industria estuvo moldeada por testeos de auditorio, encuestas telefónicas y, últimamente, por los datos de Nielsen o IBOPE. ¿La conclusión? Que el camino más seguro para crecer es una rotación intensa de las canciones que ya están probadas.

Así fue como las playlists se ajustaron al máximo. Las rotaciones se volvieron más frenéticas. Las categorías de "Gold" se redujeron. El concepto de "Power" se volvió sinónimo de "pasarlo lo más seguido posible".

La falla en el sistema

Acá está el problema:

La repetición es mecánica.

La familiaridad es emocional.

No son lo mismo. La verdadera familiaridad no se crea escuchando un tema 47 veces en una semana. Se crea a través de la memoria, el contexto y la huella emocional. Una canción se vuelve familiar porque acompañó un verano, una ruptura, un viaje por la ruta o el primer laburo; no porque salió al aire cada 92 minutos.

Cuando la repetición le gana a la conexión emocional, pasa algo sutil: el cerebro del oyente pasa del reconocimiento a la fatiga. El público no dice: "Estoy experimentando una saturación rotacional". Simplemente, empieza a desconectar.

El factor "Empoderamiento"

La ironía es que la misma táctica que busca fidelizar, puede estar debilitando el vínculo silenciosamente. Fuera de la radio, el comportamiento es distinto: en el streaming, el usuario elige la repetición, pero es autodirigida. Cuando alguien pone un tema diez veces seguidas, se siente empoderado, no invadido. Esa distinción lo cambia todo.

El miedo histórico de la radio es que, si bajamos la repetición, perdemos familiaridad y se nos cae la audiencia. Pero el mayor riesgo, quizás, sea confundir la programación segura con la programación atractiva.

La familiaridad sin frescura no genera apego; genera previsibilidad. Y la previsibilidad rara vez emociona.

La oportunidad

En lugar de preguntarnos: "¿Cada cuánto tenemos que pasar este tema?", deberíamos preguntarnos: "¿Por qué esto le importa al oyente?".

Optimizar para la profundidad emocional, no solo para el recuerdo.

Construir significado a través de la narrativa y la contextualización.

Entender que el crecimiento no viene de más rotaciones, sino de más relevancia.

La repetición llena el reloj. La familiaridad llena el corazón. Durante años los tratamos como sinónimos, pero no lo son. Hasta que no abracemos esa diferencia, vamos a seguir buscando resultados mientras nos preguntamos por qué la pasión y el crecimiento se nos siguen escapando.


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