jueves, febrero 19, 2026
La radio: más efectiva de lo que el mercado percibe. Por Eric Toro
Hoy la industria publicitaria vive una transformación profunda. Las decisiones de inversión ya no se basan únicamente en alcance o frecuencia, sino en resultados medibles: ventas, recordación, atención y retorno de inversión.
En ese contexto, múltiples estudios recientes confirman una realidad contundente: la radio y el audio generan un retorno mucho más fuerte de lo que el mercado percibe.
Durante años se ha repetido que la radio es difícil de medir o que su impacto es menor frente a plataformas visuales o digitales. Sin embargo, la evidencia demuestra lo contrario. Hoy existen herramientas capaces de vincular la exposición publicitaria en audio con ventas reales, búsquedas, tráfico digital y crecimiento de marca.
Los datos son claros: campañas en AM/FM han demostrado generar ventas incrementales significativas, niveles de atención comparables a la televisión a una fracción del costo y una eficiencia superior en conversión por persona alcanzada. Además, las marcas que incluyen radio en su estrategia de medios muestran mayor participación de mercado, mayor recordación y mejores resultados financieros.
Eric Toro es líder de la industria radial | Presidente, Asociación de Radiodifusores de Puerto Rico y experto en
Ecosistemas de contenido y comunicación pública
¿Hacia dónde va la radio? — Y quiénes están listos para liderarla
La radio ya no es solo un medio de radiodifusión tradicional. Hoy es un negocio de audio multiplataforma, y el ritmo de los cambios nunca fue tan vertiginoso como ahora.
Con décadas de experiencia vi cómo la radio evolucionó desde el dominio absoluto de la FM hasta los ecosistemas digitales orientados a datos. Hoy, las marcas de radio más exitosas en el mundo son las que entienden la integración, no el aislamiento.
Estos son los pilares que están moldeando nuestra industria hoy:
1. Integración digital total
Las radios que tratan a la AM/FM, el streaming, las redes sociales y el video como una sola marca conectada —y no como compartimentos separados— son las que están ganando en audiencia y, sobre todo, en ingresos.
2. Podcasts: El audio digital pisa fuerte
El podcasting ya no es un "proyecto paralelo" o un hobby. Es una estrategia central de contenidos. Permite ampliar las marcas, potenciar a las personalidades del aire y generar un valor publicitario que va mucho más allá de la tanda tradicional.
3. IA y publicidad programática
La Inteligencia Artificial está transformando la forma en que programamos, cómo entendemos a la audiencia y cómo entregamos los anuncios. El audio programático está redefiniendo la monetización, pero solo funciona si la dirección sabe cómo desplegarlo de manera estratégica.
4. Evolución en los modelos de ingresos
La publicidad tradicional sola ya no alcanza. Hoy son esenciales el contenido de marca (branded content), las asociaciones estratégicas, los eventos y una medición de audiencia que sea realmente multiplataforma.
5. Regulación e infraestructura
Los marcos de licencias, el uso del espectro y la inversión en tecnología digital van a decidir qué emisoras logran escalar y cuáles se van a quedar estancadas.
Mi visión:
El futuro de la radio pertenece a los líderes que sepan combinar experiencia con innovación. La tecnología es la base, pero las personas, la programación y el propósito de la marca son los que siguen construyendo la lealtad del oyente.
Las radios no necesitan hacer más ruido. Necesitan una estrategia clara, voces fuertes y un liderazgo que sea creíble.
Sintonizá con sabiduría. Transmití con audacia.
El futuro de la radio no es la tecnología. Es la compañía.
Hace años que nos vienen diciendo que el futuro de la radio depende de competir con la tecnología: algoritmos, plataformas de streaming, motores de personalización e inteligencia artificial. Pero ese enfoque se olvida de algo básico.
El verdadero competidor de la radio no es la tecnología. Es la soledad.
La paradoja de la conexión digital
Mirá cómo vive la gente hoy en día:
- Viajamos solos.
- Escuchamos música solos.
- Miramos series solos.
- Laburamos a distancia.
Nos movemos dentro de burbujas de sonido privadas. La revolución digital prometió conexión, pero lo que a menudo termina ofreciendo es aislamiento e individualismo. Y acá es donde la radio tiene una ventaja silenciosa que ningún algoritmo puede replicar: La radio es compañía.
La diferencia entre el dato y la presencia
Cuando alguien sintoniza una radio, no está eligiendo solo música. Está eligiendo presencia. Una voz en la habitación. Una risa de fondo. Un momento compartido sobre el clima, el tránsito o un evento en el barrio.
Un algoritmo puede predecir qué canción querés escuchar después, pero no le importa si estás clavado en el tránsito de la General Paz o en la avenida más transitada de tu ciudad.
No puede reaccionar a una tormenta que se está armando en tu pueblo.
No puede reconocer la pérdida de una personalidad local.
Solo un humano, en vivo, puede hacer eso.
Por eso, incluso en la era de Spotify y Apple Music, la radio no desapareció. Sigue ahí, metida en la rutina diaria: en el auto, en el laburo y en los momentos clave de la región. Porque la radio no solo entrega contenido. La radio comparte el tiempo.
La oportunidad: Ser un compañero de confianza
El futuro de la radio no es parecerse más al streaming. Es convertirse en un compañero de confianza. Eso significa:
- Más autenticidad, menos "voces de locutor" acartonadas.
- Más reconocimiento local, no solo contenido enlatado.
- Más reacción en tiempo real.
- Más momentos de "estamos juntos en esta".
Al oyente casual no le importan los formatos ni la arquitectura de programación. Lo que siente es: ¿Esta radio está viva? ¿Se siente presente? ¿Siento que hay alguien ahí?
El superpoder de lo compartido
En una era dominada por la personalización extrema y el individualismo, el superpoder de la radio es la experiencia compartida.
- Cuando toda una ciudad escucha el mismo tema al mismo tiempo.
- Cuando un programa de la mañana reacciona al toque a una noticia local de último momento.
- Cuando una emisora junta a los oyentes por una causa común.
Eso no es solo medios de comunicación. Eso es comunidad.
Si la radio se enfoca en la compañía en lugar de perseguir la imitación digital, su futuro es clarísimo. No como ruido de fondo, ni como una reliquia nostálgica, sino como una de las últimas plataformas que todavía se siente humana.
En un mundo manejado por pantallas y algoritmos, lo humano es el formato más valioso de todos.
miércoles, febrero 18, 2026
Todo el mundo sigue preguntándose cuál debería ser el próximo paso de la radio.
Nuevas apps?. Más streaming?. Más automatización?.
Creo que estamos haciendo la pregunta equivocada.
La radio nunca ha perdido frente a la tecnología. Sobrevivió a la televisión. Sobrevivió al iPod. Sobrevivió al streaming.
Lo que realmente estamos luchando hoy no es contra la tecnología. Es relevancia.
En la comunidad hispana, la radio nunca ha sido solo música. Es cultura. Es el lenguaje. Es identidad. Es la voz que se siente como en casa.
El streaming puede personalizar las canciones. No puede personalizar el sentido de pertenencia.
Un algoritmo no puede aparecer en tu festival local. No puede reaccionar en directo durante una tormenta en tu barrio. No puede celebrar un gol en un Mundial con la misma emoción que alguien que comparte tu cultura y habla tu idioma.
Si la radio quiere ganar, especialmente en mercados multiculturales, tenemos que apostar por lo que nos hace insustituibles.
Presencia humana.
Relevancia local.
Momentos compartidos.
Impacto real en la comunidad.
La radio no necesita convertirse en algo más como la tecnología.
Necesita convertirse en su mejor versión.
¿Qué hace que la radio sea indispensable en tu comunidad hoy en día?
Señal vs. Ruido: el verdadero trabajo de un líder de radio
Steve Jobs tenía una obsesión peligrosa (y brillante): eliminar todo lo que no era esencial.
Lo llamaba relación señal-ruido:
80% enfoque en lo verdaderamente importante.
20% tolerancia al resto.
Todo lo demás, fuera.
En radio, esta filosofía no es opcional.
Es supervivencia.
Hoy muchas estaciones no tienen un problema de audiencia,
tienen un problema de ruido interno:
Demasiados programas sin identidad
Decisiones basadas en costumbre
Contenido que llena tiempo, no conexión
Voces que hablan… pero no comunican
El líder que entiende la señal-ruido no busca hacer más radio.
Busca hacer radio con intención.
- Menos programas, pero más claros
- Menos opiniones internas, más escucha a la audiencia
- Menos reuniones, más decisiones
- Menos ego, más marca
Liderar una estación no es subir el volumen.
Es limpiar la frecuencia.
Porque en un mundo saturado de ruido,
la radio que gana no es la que habla más…
es la que se entiende mejor.
¿La radio está confundiendo la repetición con la familiaridad?
Durante décadas, la radio funcionó bajo una creencia grabada a fuego:
Si lo repetimos mil veces, se vuelve familiar.
Si se vuelve familiar, termina gustando.
Si gusta, el rating sube.
Suena lógico. Hasta suena científico. Pero está peligrosamente incompleto.
El error de cálculo
La interpretación de la "familiaridad" en nuestra industria estuvo moldeada por testeos de auditorio, encuestas telefónicas y, últimamente, por los datos de Nielsen o IBOPE. ¿La conclusión? Que el camino más seguro para crecer es una rotación intensa de las canciones que ya están probadas.
Así fue como las playlists se ajustaron al máximo. Las rotaciones se volvieron más frenéticas. Las categorías de "Gold" se redujeron. El concepto de "Power" se volvió sinónimo de "pasarlo lo más seguido posible".
La falla en el sistema
Acá está el problema:
La repetición es mecánica.
La familiaridad es emocional.
No son lo mismo. La verdadera familiaridad no se crea escuchando un tema 47 veces en una semana. Se crea a través de la memoria, el contexto y la huella emocional. Una canción se vuelve familiar porque acompañó un verano, una ruptura, un viaje por la ruta o el primer laburo; no porque salió al aire cada 92 minutos.
Cuando la repetición le gana a la conexión emocional, pasa algo sutil: el cerebro del oyente pasa del reconocimiento a la fatiga. El público no dice: "Estoy experimentando una saturación rotacional". Simplemente, empieza a desconectar.
El factor "Empoderamiento"
La ironía es que la misma táctica que busca fidelizar, puede estar debilitando el vínculo silenciosamente. Fuera de la radio, el comportamiento es distinto: en el streaming, el usuario elige la repetición, pero es autodirigida. Cuando alguien pone un tema diez veces seguidas, se siente empoderado, no invadido. Esa distinción lo cambia todo.
El miedo histórico de la radio es que, si bajamos la repetición, perdemos familiaridad y se nos cae la audiencia. Pero el mayor riesgo, quizás, sea confundir la programación segura con la programación atractiva.
La familiaridad sin frescura no genera apego; genera previsibilidad. Y la previsibilidad rara vez emociona.
La oportunidad
En lugar de preguntarnos: "¿Cada cuánto tenemos que pasar este tema?", deberíamos preguntarnos: "¿Por qué esto le importa al oyente?".
Optimizar para la profundidad emocional, no solo para el recuerdo.
Construir significado a través de la narrativa y la contextualización.
Entender que el crecimiento no viene de más rotaciones, sino de más relevancia.
La repetición llena el reloj. La familiaridad llena el corazón. Durante años los tratamos como sinónimos, pero no lo son. Hasta que no abracemos esa diferencia, vamos a seguir buscando resultados mientras nos preguntamos por qué la pasión y el crecimiento se nos siguen escapando.
lunes, febrero 16, 2026
FRECUENCIA DIARIA
La radio no es solo un trabajo.
Es influencia.
Es responsabilidad.
Es cultura en movimiento.
En 2026, la industria no carece de plataformas — carece de voces auténticas que comprendan al público, las comunidades y la realidad comercial al mismo tiempo.
Esto es lo que creo que necesita una radio potente ahora mismo:
1 Inteligencia Cultural
Argentina es diversa. Nuestras listas de reproducción y canales de talento deben reflejar esa realidad — no como un gesto simbólico, sino como una estrategia de crecimiento comercial. Audiencias argentina, colombiana, venezolana, boliviana, peruana, provincianas, no son "nicho". Son la Gran Bretaña convencional.
2 Conexión liderada por el presentador
El futuro no es solo la programación musical. Es personalidad, narrativa, identificación y confianza. Los presentadores que ganan son los que se sienten reales, entienden la experiencia vivida y pueden moverse sin problemas entre el entretenimiento y el contenido.
3 Creatividad comercial
Los anunciantes no solo quieren tiempo en la emisión, quieren alineación. Las marcas de radio que comprenden la visión comunitaria, la cultura y las voces creíbles crean un mayor compromiso y un mejor retorno de la inversión.
He pasado décadas viviendo y respirando radio. Desde la programación musical hasta la conversación cultural, desde la representación comunitaria hasta el pensamiento comercial — entiendo cómo se conectan todas las piezas.
No estoy aquí para marcar una casilla.
Estoy aquí para aportar valor.
Si tu radio se toma en serio el crecimiento, la representación, la fidelidad de la audiencia y la preparación para el futuro, hablemos.
La frecuencia está cambiando.
Estoy sintonizado.
domingo, febrero 15, 2026
El poder de la locucion: Por qué es el alma de la publicidad y los medios (Jevon Hendricks)
Metámonos de lleno en el mundo cautivante de las locuciones: desde los avisos de la tele hasta las tandas de radio y los videos online. Créeme, esto puede hacer que tus campañas de marketing brillen más que una supernova. Así que ajustate el cinturón y preparate para descubrir por qué la voz en off es realmente fundamental en el ámbito de la publicidad y los medios.
Bienvenidos al mundo del Locutor/Voice Over (VO)
Imaginate esto: una voz cautivadora que te guía con gracia a través de un aviso o un video, conmoviéndote o dejándote maravillado. Esa, amigo mío, es la magia de las locuciones. Estos narradores melódicos tienen el poder de captar tu atención, evocar emociones y transmitir mensajes que perduran mucho después de que termina su sinfonía de palabras.
Entendiendo la voz en off
Antes de arrancar este viaje, desentrañemos el secreto de estas narraciones. Las voces en off son el Picasso del mundo publicitario; artistas vocales seleccionados minuciosamente que usan su talento para crear un tapiz de emociones.
Con el tono, la inflexión y la presentación justa, transforman simples palabras en una obra maestra que resuena en el público objetivo.
El rol de la voz en la publicidad
En el implacable mundo de la publicidad, destacar es difícil. ¡Pero no sufras! Las locuciones están acá para salvar el día. Le dan vida a las imágenes, inyectándoles emoción y personalidad. Es como agregarle una pizca de magia a tu receta de marketing.
Una voz cálida y amigable para un producto familiar, o una voz segura y autoritaria para una marca de lujo, sientan las bases y consolidan la identidad de tu marca.
La influencia en los medios
Las voces en off no solo brillan en los avisos. Tienen una influencia irresistible en otros formatos:
Documentales: Aportan credibilidad y enriquecen la narrativa.
Videojuegos: Le dan alma a los personajes, haciéndote sentir parte de la aventura.
E-learning y audiolibros: Aportan ese toque humano indispensable para el conocimiento.
Elementos clave de una locución exitosa
Acá está la receta secreta:
Conocé a tu público: Es el ingrediente básico para llegarles al corazón.
Guion maestro: El texto debe ser una obra de arte, transmitiendo el mensaje con una claridad y brevedad cristalinas.
Ritmo y pausas: El manejo de los silencios y el énfasis en las palabras adecuadas le dan el "sabor" final.
Talento profesional: El locutor debe tener la destreza de un maestro y la versatilidad para mantener a la audiencia enganchada.
Cómo elegir al locutor indicado
Buscar la voz perfecta puede ser como buscar una aguja en un pajar. Liquid Voices, la consultora de Los Ángeles, explica que el artista que elijas puede hacer que tu campaña sea un éxito o un fracaso total.
"No se trata solo de encontrar una voz; se trata de encontrar la voz que haga que tu audiencia se sienta movilizada", explica Cait Gray, directora de operaciones.
Beneficios de usar locuciones profesionales
Incorporar voces en off a tu estrategia te va a hacer vibrar:
Despiertan emociones: Es una montaña rusa para los oídos de tus clientes.
Narrativa de alto nivel: Al combinar imágenes fuertes con una voz increíble, grabás tu marca en la memoria de la gente.
Capacidad de adaptación: Gracias a la localización, podés conquistar nuevos mercados hablando el idioma de tus clientes, estén donde estén.
Tendencias: IA y el futuro del audio
El futuro ya está acá. Una tendencia que pisa fuerte es la síntesis de voz con inteligencia artificial. Aunque todavía no son perfectas, se están volviendo increíblemente humanas. ¡Y la diversidad es la clave! Las marcas hoy buscan representar a todos a través de sus elecciones de voces.
Además, los asistentes de voz como Alexa o Google Home son parte del hogar. Las marcas están encontrando formas innovadoras de meterse ahí. Imaginate un asistente virtual con una voz que te conmueve: es como tener un conserje personal que te habla directamente al alma.
jueves, febrero 05, 2026
La radio gira y gira, ¿pero realmente está avanzando?
Algo raro está pasando en la radio. No es que se esté muriendo, pero... está estancada. Y eso puede resultar todavía más incómodo.
El juego "inteligente" que nadie está ganando
Imaginate esto: estás escuchando tu radio favorita a la mañana. Suena ese tema que estabas esperando y, de repente... Boom. Doce minutos de tanda publicitaria clavados entre las 6:00 y las 6:15. Después, una canción. Y después, ocho minutos más de comerciales.
¿Te suena familiar?
Las emisoras convirtieron esto en una forma de arte. Lo llaman "programación inteligente": esconden los avisos donde supuestamente menos le duelen a la audiencia. Optimizan los cuartos de hora. Juegan con el reloj como si fuera una partida de ajedrez.
Pero hay un detalle: los oyentes no son tontos. Aprenden el patrón. ¿Y sabés qué pasa en el momento en que arranca el primer aviso? Hacen zapping. Abren Spotify. Ponen un podcast.
Estamos entrenando al público para que se vaya.
Ir a lo seguro = Pasar desapercibido
Está pasando algo más. Las personalidades de radio, o como ahora le dicen tambien en Argentina: "TALENTOS" se volvieron... "cuidadosas" en las radios musicales. Sin riesgos. Sin opiniones fuertes. Nada que pueda generar una queja. Son profesionales, amables e invisibles.
¿El resultado? Voces que te olvidás apenas te bajás del auto.
Seamos sinceros: ¿Cuándo fue la última vez que le comentaste a alguien un momento que escuchaste en la radio? ¿Cuándo fue que dijiste: "¿Escuchaste la locura que dijeron hoy a la mañana?"
Los podcasts y los streamers se animan a ser picantes. Construyen comunidades. Generan reacciones. Mientras MrBeast toma el control de una ciudad entera, la radio tiene pánico de que alguien llame para quejarse por un chiste.
La música ya no es el superpoder
Y acá viene la verdad más dura: esas playlists "perfectamente seleccionadas" pierden contra Spotify siempre. S-i-e-m-p-r-e.
En una investigación con oyentes de entre 25 y 44 años que escuchan radio al menos una hora por día, se les preguntó: "Si pudieras elegir cualquier servicio de audio para escuchar en el trabajo, ¿cuál sería?".
El puesto número uno fue para Spotify. No porque la radio sea mala, sino porque se volvió intercambiable.
La verdadera lección
Lo que está pasando en la radio es una advertencia para cualquiera que trabaje en audio y comunicación de marcas:
Los atajos a corto plazo destruyen la confianza a largo plazo.
Jugar a lo seguro te garantiza que te olviden.
Optimizar para las métricas en lugar de para las personas rompe el vínculo.
Las marcas que van a prosperar en el audio no son las que manipulan el sistema, sino las que construyen conexiones genuinas. Las que crean momentos que la gente recuerda. Un audio que se atreve a sobresalir porque tiene algo para decir.
La radio tiene que elegir: ¿Confianza o táctica?
El audio más potente no manipula; conecta.
Fuente: Tracy Johnson
martes, febrero 03, 2026
El significado del éxito en la Radio de hoy.
En pleno 2026, el éxito en de una emisora ha dejado de ser una simple cuestión de "puntos de rating" para convertirse en un ecosistema de relevancia, multicanalidad y propósito.
Si bien antes el éxito se medía por cuánta gente te escuchaba a una hora fija, hoy el panorama se define por estos cuatro pilares:
1. El Tránsito de "Oyente" a "Comunidad"
Hoy no basta con que alguien sintonice una frecuencia. El éxito real es la capacidad de la emisora para movilizar a su audiencia fuera del dial.
* Interacción constante: Una radio exitosa hoy es la que genera conversación en WhatsApp, Telegram y redes sociales en tiempo real.
* Identidad local: La radio sigue siendo el "vecino de confianza". El éxito es ser el medio que la gente busca cuando hay una crisis local, un evento comunitario o para validar una noticia que circula como rumor en redes.
2. La "Omnipresencia" Digital (Audio On-Demand)
El éxito ya no se queda atrapado en la antena. Las emisoras líderes han entendido que su producto no es "la radio", sino el audio.
* Video Podcasts: Los estudios de radio ahora son sets de televisión. Si un segmento de la mañana no se vuelve viral o no termina como un podcast en Spotify, su impacto se considera limitado.
* Accesibilidad: El éxito se mide por estar en el auto (CarPlay/Android Auto), en el altavoz inteligente de la cocina, en youtube para ver en el SmartTV y en la app del celular.
3. Propósito e Impacto Social
Como bien señalan las tendencias de 2026, los líderes radiales están priorizando el legado sobre la fama.
* Voz de confianza: En un entorno saturado de fake news y desinformación, el éxito es la credibilidad. Ser la marca que el usuario elige para confirmar "si esto es verdad o no".
* Responsabilidad social: Las radios que lideran son aquellas que asumen causas (medio ambiente, seguridad ciudadana, educación) y usan su plataforma para generar cambios tangibles en su entorno.
4. Nuevas Métricas de Negocio
El éxito financiero ya no viene solo de las grandes pautas publicitarias tradicionales (spots de 30 segundos).
* Experiencia Total: Se busca que el anunciante sea parte de una experiencia. El éxito es integrar marcas de forma orgánica en contenidos que aporten valor, no solo interrumpir con ruido.
* Monetización de nichos: Entender que es mejor tener 10.000 oyentes ultra-leales y segmentados que 100.000 que no tienen nada en común.
Resumiendo: El verdadero éxito en la radio actual es permanecer. No solo en el aire, sino en la vida cotidiana de las personas como una herramienta útil, humana y, sobre todo, creíble.
El problema de percepción de la radio: por qué un medio que llega a todos sigue pareciendo invisible.
La radio tiene uno de los problemas de imagen de marca más extraños de los medios modernos. Llega a más del 90% de los argentinos cada semana (según Kantar IBOPE Media), atravesando todas las edades, niveles socioeconómicos y geografías. Sigue siendo el compañero diario en el auto, la cocina y la oficina. Sin embargo, dentro de la industria y entre el público más joven, a veces se la trata como una reliquia: algo que la gente "usaba", incluso mientras la están escuchando activamente en este preciso momento.
Esa desconexión es el gran dilema: la radio está culturalmente presente, pero mentalmente ausente. El problema no es el alcance. El problema es cómo señalizamos nuestra relevancia.
El peso de la invisibilidad
El mayor desafío de la radio siempre fue su invisibilidad. Encaja en la vida sin exigir atención constante. No tenés que elegirla; simplemente está ahí. Antes, esa facilidad hacía que la radio pareciera mágica; hoy, hace que parezca olvidable. Las plataformas que requieren esfuerzo (abrir una app, armar una playlist, elegir un feed) se sienten más "intencionales" y, por ende, más valiosas, incluso cuando la experiencia real es menos satisfactoria que el vivo.
La percepción también depende de quién se lleva el crédito. Cuando alguien descubre un temazo, escucha una noticia de último momento en medio del caos del tránsito o se siente menos solo en un viaje largo, rara vez dice: "La radio hizo eso por mí". El valor se experimenta, pero la marca no recibe el crédito. La radio ofrece utilidad emocional sin recibir el reconocimiento que merece.
El relato de la industria
Dentro del medio, el problema de imagen es todavía peor. La radio suele hablar de sí misma como si estuviera en una posición defensiva permanente, haciendo énfasis en la "supervivencia" en lugar de en su importancia. Esa postura se filtra a la cultura general.
Mientras tanto, los más jóvenes no rechazan la radio por ser antigua. Lo que pasa es que el streaming les cuenta constantemente una historia sobre quiénes son ellos. La radio cuenta menos historias sobre su rol en la vida de las personas. Cuando un medio no articula su propio significado, otros lo definen por vos, y generalmente lo hacen con términos atrasados.
¿Cómo cambiamos esta percepción?
Dejar de presentarnos como un formato y empezar como un servicio: No es "esto es lo que pasamos", sino "esto es lo que hacemos por vos". Reducimos la carga mental. Damos compañía. Creamos una sensación de tiempo compartido. Curamos el día. Cuando la radio explica su valor en términos humanos y no técnicos, la percepción cambia.
Hacer visible lo invisible: Hay que celebrar los pequeños momentos. El tema que no sabías que necesitabas escuchar, la voz que te ayudó a bancarte el embotellamiento, la risa que no esperabas a las 7:42 de la mañana. La gente recuerda momentos, no plataformas. La radio ya crea esos momentos, pero no los reclama con suficiente fuerza.
Modernizar la autoimagen: La industria tiene que sentirse parte del presente para que el público la vea de la misma forma.
La radio no tiene un problema de alcance (con ese 90% de share semanal en Argentina la llegada es indiscutible). Tiene un problema de historia. Y la solución no es tecnológica. Es narrativa.
La Radio no es un negocio de contenido. Es un negocio de habitos diarios. (Dave Sturgeon)
La mayoría de la gente sigue malinterpretando a la radio porque piensa que es un negocio de contenido.
No lo es.
La radio es un negocio de hábitos diarios.
Aparece a la misma hora, en los mismos lugares, con las mismas voces familiares: el viaje al trabajo a la mañana, las obras en construcción, las oficinas, las cocinas, las rutas de reparto. Esa consistencia no es un accidente; es el producto.
La confianza, la rutina y la relevancia geográfica son los verdaderos activos de la radio. Y esas no son cosas que un algoritmo pueda crear fácilmente, ni mucho menos de forma barata.
Las plataformas digitales atraen la atención.
La radio se la gana con el tiempo.
Por eso la radio no necesita correr detrás de cada nueva tendencia de plataforma para seguir siendo relevante. Ya es dueña de algo mucho más valioso: un lugar predecible en la vida cotidiana de las personas.
Cuando un medio se convierte en un hábito, deja de competir por la atención. Simplemente la tiene.
¿Y la prueba?
En EE. UU., la radio representa el 67% de todo el tiempo de escucha de audio con publicidad.
En Argentina, segun Kantar/Ibope, el 62% de los ciudadanos escucha diariamente radio un promedio de 5 horas por dia
En Canadá, la cifra ronda el 70%; más que los podcasts, el streaming y la radio satelital juntos.
Lo digital conecta dispositivos. La radio conecta personas. El mejor marketing conecta las dos cosas. (Dave Sturgeon)
La mayoría del marketing hoy en día asume que la gente está quieta, clavada mirando una pantalla.
Pero los clientes reales no están quietos.
Están manejando. Están trabajando. Están haciendo las compras. Están manejando sus negocios. Están viviendo en sus barrios.
Y ahí es donde vive la radio.
Un aviso digital le llega a alguien que est
á haciendo scroll a la noche. Un mensaje de radio le llega a alguien que está pasando por la puerta del negocio de tu cliente a la mañana.
Uno captura la atención. El otro captura el momento.
Esto es lo que los anunciantes y las agencias tienen que entender:
Las pantallas crean impresiones. La radio crea instintos.
Las campañas digitales "disparan". Las campañas de radio "construyen".
Cada semana al aire no solo suma alcance: fomenta la familiaridad, la confianza y la disponibilidad mental. En economías inciertas, la gente no elige necesariamente la "mejor" marca; elige la marca que reconoce.
Los medios digitales son como un cartel en una autopista por la que la gente pasa a 100 km/h. La radio es la voz que va sentada en el asiento del acompañante, hablándoles mientras manejan.
Por eso la radio no es un canal más en el mix de medios.
Es el puente entre el marketing y el comportamiento.
La mayoría de los medios compiten por un lugar en la pantalla. La radio se gana un lugar en la vida real.
Cuanto más digital se vuelve el mundo, más valioso se vuelve el peso de los medios reales.
La radio solía enseñarnos por qué la música importaba. ¿Qué pasó? (por Dave Van Dyke)
¿A dónde se fueron los "musicólogos" de la radio?
No desaparecieron. Los desplazaron.
Ajuste de formatos y miedo al riesgo A medida que la radio se volvió más investigada, centralizada y conservadora, la profundidad fue discretamente reclasificada como "distracción". Explicar quién produjo un disco o por qué era importante no rendía bien en un mundo obsesionado con los cuartos de hora (quarter-hours). La personalidad del locutor se redujo a la eficiencia.
El auge del algoritmo Spotify, Apple Music y YouTube absorbieron la función de descubrimiento, pero sin la voz humana. La máquina no te explica por qué un disco es clave; simplemente te tira el tema que sigue. Durante un tiempo, eso pareció ser "suficiente".
La migración Los apasionados de la música no dejaron de hablar de ella. Simplemente cambiaron de lugar:
Empezaron a hacer podcasts.
Escribieron newsletters en Substack.
Armaron comunidades en YouTube y TikTok.
Se convirtieron en historiadores, editores de playlists o influencers de nicho.
En otras palabras, se fueron a donde la profundidad es bienvenida en lugar de ser penalizada.
El rock mismo cambió La radio de rock solía premiar la "alfabetización musical": bandas, productores, escenas, linajes. A medida que el pop, el hip-hop y el consumo algorítmico ganaron terreno, la necesidad de explicar el disco fue desapareciendo. Las canciones pasaron a ser momentos, no movimientos.
¿El público los extraña?
Acá está la verdad incómoda: El público que los extraña existe, pero la radio prácticamente dejó de hablarles.
Fijate el éxito de los podcasts de música de larga duración.
Fijate el resurgimiento del vinilo.
Mirá a los creadores de TikTok que solo explican canciones y juntan millones de vistas.
Mirá los documentales, las biopics y los análisis de "álbumes clásicos".
La gente no perdió la curiosidad. Perdió el lugar en el dial donde esa curiosidad era recompensada.
La verdadera pérdida no fue la trivia, fue la confianza Esos locutores generaban una sensación de: "Si esta persona dice que esto importa, es porque realmente importa". Esa confianza es oro puro. Los algoritmos no pueden reemplazarla, el voice-tracking no puede fingirla y el branding no puede sustituirla.
La oportunidad que la radio sigue dejando pasar
La radio no necesita convertir cada salida en una cátedra. Pero necesita desesperadamente recuperar una alfabetización musical creíble, especialmente para:
Artistas heritage (consagrados).
Formatos recurrents.
Formatos para adultos que se basan en el significado y no solo en la novedad.
Irónicamente, en el momento en que la radio se alejó de los musicólogos, el público empezó a buscarlos en otros lados. Y lo mejor de todo es esto: la radio sigue siendo dueña del mejor escenario para ellos. Simplemente dejó de invitarlos a subir.
sábado, enero 24, 2026
Los oyentes de radio: quiénes son y cómo conectar mejor con ellos (por Dave Van Dyke)
A la audiencia de radio se la suele describir de forma muy general, pero la verdadera oportunidad está en entender por qué los distintos oyentes la siguen eligiendo y cómo activar esas motivaciones para lograr un compromiso más profundo. El oyente actual no responde a un solo perfil; es un conjunto de comportamientos moldeados por el hábito, el contexto y la comodidad.
El oyente habitual (El "Fiel")
Son los usuarios diarios, con tendencia a ser adultos pero para nada desconectados. Para ellos, la radio es un ritual: en el auto a la mañana, de fondo en el trabajo, o a la tarde para bajar un cambio. Lo que a veces se entiende mal es que su lealtad no es pasiva. Valoran la previsibilidad, sí, pero también el reconocimiento. Escuchan porque la radio se sigue sintiendo humana y local.
Punto a favor: El compromiso aumenta cuando la radio los trata como "insiders" (miembros del club). Las referencias al aire sobre experiencias compartidas y la continuidad de la comunidad les dan un sentido de pertenencia que los algoritmos no pueden replicar.
El oyente al volante (Commuter)
A pesar de la guerra por las pantallas en los autos, la radio sigue dominando porque elimina la fricción. Sin logueos, sin buffering y sin fatiga de decisión. Estos oyentes no quieren elegir; quieren algo que funcione ya mismo.
Punto a favor: Las radios pueden tratar el auto como un espacio compartido en vivo con relevancia en tiempo real (clima, tránsito, sorpresas locales) que refuerza el valor de la radio como el medio más reactivo en la calle. Cuanto más refleje la radio el ritmo del viaje, más indispensable se vuelve.
El oyente joven (Phone-First)
Los más jóvenes no rechazaron la radio; la mudaron de lugar. Se encuentran con ella a través de streams, videos, redes sociales y recomendaciones. Su escucha es intencionada pero fragmentada. Les impresiona menos la disciplina de los formatos y se sienten más atraídos por momentos que se perciben auténticos o culturalmente fluidos.
Punto a favor: El compromiso crece cuando la radio crea "puntos de entrada" en vez de exigencias. Momentos breves, compartibles y una programación que entiende el salto entre plataformas hacen que la radio sea compatible con su estilo de vida.
El consumidor multiplataforma
Hoy es la gran mayoría. Saltan de la radio a los podcasts y de las playlists al video según su humor o lo que estén haciendo. No comparan las plataformas emocionalmente; les asignan "trabajos" específicos.
Punto a favor: La radio gana cuando define claramente su rol. La conexión en vivo, la compañía y la inmediatez son sus ventajas competitivas. Las radios que dejan de perseguir el comportamiento "on-demand" —y en su lugar enfatizan lo que solo el vivo puede dar— logran una mayor fidelidad.
La visión general
El compromiso futuro de la radio consiste en reconocer que la misma persona suele rotar por distintos modos de escucha. Cuando la radio entiende el contexto —y no solo la demografía— deja de competir por la atención y empieza a ganársela.
Ahí es donde está el crecimiento en este 2026.
¿Se nos va la mano con el branding? Cuando la marca de la Radio empieza a jugar en contra (Por Dave Van Dyke)
El branding se supone que está para construir memoria, confianza y preferencia. Pero hay un punto —uno que muchos medios cruzan sin darse cuenta— en el que la marca deja de trabajar para vos y empieza a ser tu propio enemigo.
Y sí, el sobre-branding es real.
La repetición siempre fue la piedra angular de cualquier estrategia de radio. "Decí el nombre de la radio todo el tiempo y la audiencia se lo va a acordar". Esa lógica tenía sentido antes; hoy, quedó totalmente desfasada.
La verdad incómoda es esta: el sobre-branding acelera la "comoditización". Cuando cada bache, cada separador y cada transición suena como un ejercicio de marketing, el público deja de percibir distinción y empieza a escuchar monotonía. La marca no se siente más fuerte; se siente más ruidosa.
No es solo un problema de las AM o las noticias
Las radios de noticias o de debate son los infractores más obvios. Ese recordatorio constante de que son "líderes", "confiables" o "último momento" corta el ritmo y debilita la credibilidad. Cuando el branding pisa la narrativa o la emoción, la marca se asocia con la interrupción y no con la autoridad.
Pero la radio musical sufre igual, o incluso más. En los formatos musicales, el exceso de marca:
Rompe el flujo emocional entre canciones.
Le recuerda al oyente que está en un entorno programado (le saca la magia).
Refuerza la idea de que la radio es intercambiable con cualquier otra playlist.
Si el nombre de la radio importa más que el momento musical, el oyente se pregunta inconscientemente: “¿Por qué estoy escuchando esto en lugar de poner mi propio streaming?”. Eso no es una victoria de marca; es un error táctico.
El peligro real: el cansancio, no el olvido
La mayor parte del sobre-branding nace del miedo: miedo a que la audiencia se olvide de la radio, del dial o del nombre. Pero el público no se olvida de las marcas con las que conecta emocionalmente.
Lo que sí hace el público es ignorar a las marcas que interrumpen demasiado. Una vez que el oyente puede predecir el eslogan antes de que el locutor lo diga, el cerebro deja de procesarlo. En ese punto, el branding dejó de ser un refuerzo para convertirse en ruido blanco.
Un branding inteligente no significa "menos" marca
Significa una mejor imagen de marca. Las marcas más fuertes hoy no declaran quiénes son: lo demuestran.
Dejá que la selección del contenido lleve el sello de la radio.
Que los conductores encarnen la marca a través del tono, la curiosidad y su punto de vista.
Dejá que la música fluya, que los momentos respiren y que las historias se cuenten sin recordatorios constantes de propiedad.
Si un momento se siente auténtico, memorable o emocionante, ese momento ya es la marca, aunque no se mencionen las siglas ni una sola vez.
En conclusión
El branding funciona mejor cuando:
Mejora la experiencia del oyente.
Respeta a la audiencia.
Confía en la memoria en lugar de forzarla.
El objetivo no es decir tu nombre más seguido. Es lograr que tu audiencia sienta que está en un lugar que no puede encontrar en ningún otro lado. Cuando lográs eso, no se olvidan más.
Streaming, podcasts, radio: usamos cada uno por una razón completamente distinta (Por Dave Van Dyke)
Durante años, la industria del audio se hizo la pregunta equivocada: ¿Por qué la gente elige una plataforma en lugar de otra?
Siempre se asumió que la elección dependía de la edad, el gusto o la tecnología. Pero el comportamiento real de la audiencia cuenta otra historia. La gente no elige el audio solo por preferencia; lo elige según lo que necesita en ese momento.
Cada plataforma entrenó a los oyentes para comportarse de formas específicas:
El streaming musical nos entrenó para ser curadores. Se espera que el oyente decida todo: estado de ánimo, género, artista, tempo e incluso la intención emocional. Los algoritmos ayudan, pero la responsabilidad final es del usuario. El streaming ofrece control, pero también genera la presión de tener que elegir bien.
El audio en redes sociales nos entrenó para "actuar". El sonido se volvió un accesorio de identidad y visibilidad. El audio es algo que hay que compartir, publicar y juzgar. Escuchar ya no es algo privado; es expresivo.
Los podcasts nos entrenaron para elegir con intención. Requieren un compromiso: un tema, una voz, un bloque de tiempo determinado. Escuchar podcasts es inmersivo y tiene un propósito. A menudo reemplaza a la lectura o al estudio. Es valioso, pero exige concentración y esfuerzo.
Y después está la radio.
Mientras el streaming nos obliga a elegir, las redes a figurar y los podcasts a concentrarnos, la radio sigue siendo el único medio que permite escuchar sin decidir y, al mismo tiempo, ofrece personalidad, compañía y una experiencia compartida.
La radio no elimina la elección: la absorbe. En un mundo saturado de opciones, la radio te saca de encima la carga de decidir qué viene después. La emisora, el locutor, el formato; ellos eligen para que el oyente no tenga que hacerlo. Eso no es una limitación. Es su mayor virtud.
Así es como la radio resuelve el "estrés de decisión" de la audiencia:
Crea continuidad en un día fragmentado.
Da una sensación de movimiento a través del tiempo (la noción del "vivo").
Ofrece voces de confianza que seleccionan para el público, con criterio humano.
Por eso la radio sigue siendo fuerte en los lugares donde la fatiga por decidir es más alta: el auto, la oficina, la cocina o los espacios compartidos. Son momentos donde la gente no quiere gestionar contenido; quiere que el contenido se gestione solo.
Cuando la radio se evalúa estrictamente como un reproductor de música, siempre va a estar en desventaja. Pero cuando se entiende como una experiencia funcional —una que reduce la carga mental y a la vez conecta personas— su valor real salta a la vista.
El futuro del audio no se trata de que una plataforma reemplace a la otra. Se trata de que cada una entienda su rol en la vida del oyente:
Streaming es control.
Podcasts son intención.
Audio social es expresión.
La radio es alivio.
Y ese alivio puede ser la forma más poderosa de fidelidad que el audio puede crear.
El oyente que la radio imagina vs. el oyente que realmente la escucha (por Dave Van Dyke)
La radio se pasó la vida entera imaginando a su oyente ideal.
Ese oyente está alerta. Concentrado. Emocionalmente disponible. Se fuma las tandas publicitarias como si fuera un deber cívico. Escucha cada palabra que dice el locutor. Se da cuenta si el bache entre temas duró un segundo de más. Agradece la artística. Entiende las reglas del concurso a la primera.
Ese oyente es imaginario.
El oyente que la radio recibe de verdad está manejando, está colgado pensando en cualquier cosa, llega tarde, tiene hambre, está un poco estresado y apenas registra que la radio está prendida. No es que eligió la radio con lupa; terminó ahí. Está escuchando... pero no "escuchando-escuchando".
Y ahí es donde aparece la comedia. El oyente imaginado escucha un bloque perfectamente producido. El oyente real escucha: "—y a continuación— ah, buenísimo, este tema". El oyente imaginado nota la coherencia de la marca. El oyente real nota cuando la canción suena más rápido o le cortaron el final. El oyente imaginado escucha de forma lineal.
El oyente real escucha de forma oportunista: hasta que el semáforo se pone en verde, le entra un llamado o la vida lo interrumpe otra vez.
Los programadores lo saben. El equipo de la radio lo sabe. Sin embargo, las reuniones de producción siguen girando en torno al oyente imaginado: ese que presta atención, evalúa el producto y tiene opiniones formadas sobre los separadores. Mientras tanto, el oyente real está doblando la ropa.
Acá está el giro: la radio no tiene éxito a pesar de esa escucha distraída. Tiene éxito gracias a ella.
La radio es el medio que no te exige contacto visual. No te pausa la vida; viaja al lado tuyo. El oyente real no se "inclina" hacia el parlante; deja que la radio lo acompañe.
Por eso la claridad le gana a la astucia. Por eso funciona la repetición (aunque nosotros mismos pongamos los ojos en blanco). Por eso los mejores locutores suenan como compañeros y no como presentadores de gala. Y por eso los momentos importan más que la perfección.
El oyente imaginario quiere que la radio lo impresione. El oyente real quiere que la radio encaje en su día.
Cuando la radio se olvida de esto, sobreproduce, le mete demasiada marca y sobreexplica todo. Cuando la radio lo recuerda, el medio fluye sin esfuerzo —incluso cuando, detrás de escena, el trabajo sea enorme—.
El futuro de la radio no le pertenece al oyente que presta muchísima atención. Le pertenece al que está en otra... y se queda escuchando igual.
La radio sigue ganando porque encaja con la vida real.
Cuando "sin publicidad" no es realmente gratis: por qué la promesa favorita de la radio puede fallar (Por Dave Van Dyke)
Durante años, la radio se apoyó en una de sus tácticas más conocidas para convencer a la audiencia de que pasa "más música que los demás": el bloque exclusivo sin cortes. Ya conocés la frase de memoria: "Fueron siete canciones seguidas... sin publicidad".
En los papeles, parece una
victoria para el oyente. En la realidad, puede estar dañando silenciosamente la
confianza. Porque la verdad es que los oyentes no son ingenuos. Saben que esas
tandas van a llegar —y a menudo en bloques más largos e intensos para
"compensar" el tramo libre. Entonces, en lugar de generar buena
voluntad, la táctica suele provocar el efecto contrario: aumenta la irritación
y desgasta la credibilidad.
Expectativa vs. Realidad
La psicología conductual nos dice
que la palabra "gratis" o "libre" dispara una expectativa
muy fuerte. Cuando algo se promete como gratuito, el consumidor espera costo
cero, sin letra chica. Por eso, cuando el "sin cortes" es en realidad
un "te la cobro después", la interrupción posterior se siente mucho
peor que si no se hubiera prometido nada.
El contraste hace que la tanda
publicitaria se perciba más pesada, larga e intrusiva —incluso cuando la carga
total de anuncios no haya variado.
¿De verdad los oyentes se lo
creen?
La mayoría entiende que la
publicidad es el precio de la "radio gratis". Muchos incluso aceptan
ese intercambio. Lo que no les gusta es que los manipulen emocionalmente. En el
momento en que un oyente siente que la promesa fue más un recurso de marketing
que una verdad, la relación con la marca se debilita. No pasa de la noche a la
mañana, ni de forma dramática. Pero ocurre en silencio. Repetidamente. En
conjunto.
Y esa erosión de la confianza es
mucho más dañina que cualquier tanda individual.
¿Realmente funciona?
Sorprendentemente, las
investigaciones sugieren que la mayoría de los oyentes no se escapan
inmediatamente cuando arrancan los avisos. Muchos se quedan. El abandono
aumenta no solo por la existencia de la publicidad, sino por cómo se empaqueta
y se percibe.
- ¿Bloques de tanda larguísimos? Irritante.
- ¿Interrupciones frecuentes? Frustrante.
- ¿Que te vendan que te escapás de los anuncios
para después castigarte con ellos? Eso se siente manipulador.
Y la manipulación rara vez genera
lealtad.
Un mejor camino a seguir
Si la radio realmente quiere
estirar el tiempo de escucha y reconstruir la lealtad emocional, las mejores
estrategias no pasan por eslóganes tramposos. Tienen que ver con:
- Un ritmo de pauta más inteligente.
- Bloques de tanda más cortos.
- Un compromiso más significativo con el contenido.
- Una conexión más fuerte de los conductores con la
audiencia.
- Un mensaje honesto.
La industria no necesita trucos
psicológicos. Necesita credibilidad, coherencia y respeto por la
inteligencia del oyente. Porque el "sin publicidad" no es gratis si
te está costando, silenciosamente, la confianza de tu público.
miércoles, enero 21, 2026
Por qué la gente sigue escuchando las mismas canciones después de 50 años (Dave Van Dyke)
Seamos honestos: en teoría, esto no debería funcionar.
Canciones grabadas hace medio siglo. Reproducidas una y otra
vez. A veces, varias veces al día. Criticadas, ridiculizadas y descartadas como
"quemadas".
Y, sin embargo, el público sigue escuchando.
Sin tolerarlas. Sin soportarlas. Escuchando.
Eso se debe a que estas canciones dejaron de ser
"música" hace mucho tiempo.
Estas canciones no se escuchan, se sienten.
Tras décadas de exposición, una canción ya no funciona como
contenido. Se convierte en un atajo emocional.
Los oyentes no reaccionan a la letra ni a la producción. Se reconectan con:
quiénes eran cuando la vida se sentía abierta
momentos antes de que la responsabilidad los agobiara
una versión de sí mismos que aún les resulta familiar
Por eso la repetición no debilita el impacto. Lo profundiza.
"La gente ya no escucha estas canciones. Se recuerdan a sí mismos a través de ellas". La familiaridad no es aburrida, es eficiente. La mayor parte de la escucha ocurre en entornos con mucha carga cognitiva:
-conducir
-trabajar
-multitarea
-gestionar el estrés
En esos momentos, el cerebro no busca descubrir. Busca
tranquilidad.
Una canción de 50 años no requiere esfuerzo, ni riesgo
emocional, ni procesamiento. Simplemente encaja.
"Cuando la vida es exigente, la familiaridad se
convierte en una característica, no en un defecto".
El oyente no eligió la canción.
Aquí es donde la radio a menudo malinterpreta su propio
éxito.
Los oyentes no sintonizan una canción específica. Eligen:
-una emisora confiable
-un sonido predecible
-una emisora conocida
-seguridad emocional
La repetición se convierte en tranquilidad. Escuchar las mismas canciones confirma que la emisora se mantiene en su carril.
"La canción no es el destino. La emisora lo es".
El hábito supera a la preferencia casi siempre.
Esta es la verdad incómoda:
"La gente no escucha lo que le gusta. Escucha lo que
está acostumbrada".
Años, a veces décadas, de escucha habitual convierten una
emisora en parte del ritmo diario. Una leve irritación rara vez provoca
desconexión. La interrupción del patrón sí.
La audiencia cambió, y con ella la recompensa.
El oyente que amaba estas canciones a los 25 años las
escucha de forma diferente a los 55 o 65.
Lo que antes le emocionaba, ahora le da estabilidad.
Lo que antes le parecía rebelde, ahora le da seguridad.
La recompensa emocional no se desvaneció, sino que evolucionó.
La verdadera lección para la radio:
Los oyentes no se aferran a las canciones antiguas por falta
de gusto.
Las usan como:
anclas emocionales
reductores de estrés
continuidad en un mundo fragmentado
Pero la comodidad tiene un plazo de caducidad.
La oportunidad para la radio no es abandonar la familiaridad, sino renovarla sin romper la confianza. Porque el verdadero riesgo no es la repetición.
Es confundir la memoria con el impulso.
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