martes, febrero 03, 2026

 

El significado del éxito en la Radio de hoy.

En pleno 2026, el éxito en de una emisora ha dejado de ser una simple cuestión de "puntos de rating" para convertirse en un ecosistema de relevancia, multicanalidad y propósito.

Si bien antes el éxito se medía por cuánta gente te escuchaba a una hora fija, hoy el panorama se define por estos cuatro pilares:

1. El Tránsito de "Oyente" a "Comunidad"

Hoy no basta con que alguien sintonice una frecuencia. El éxito real es la capacidad de la emisora para movilizar a su audiencia fuera del dial.

* Interacción constante: Una radio exitosa hoy es la que genera conversación en WhatsApp, Telegram y redes sociales en tiempo real.

* Identidad local: La radio sigue siendo el "vecino de confianza". El éxito es ser el medio que la gente busca cuando hay una crisis local, un evento comunitario o para validar una noticia que circula como rumor en redes.

2. La "Omnipresencia" Digital (Audio On-Demand)

El éxito ya no se queda atrapado en la antena. Las emisoras líderes han entendido que su producto no es "la radio", sino el audio.

* Video Podcasts: Los estudios de radio ahora son sets de televisión. Si un segmento de la mañana no se vuelve viral o no termina como un podcast en Spotify, su impacto se considera limitado.

* Accesibilidad: El éxito se mide por estar en el auto (CarPlay/Android Auto), en el altavoz inteligente de la cocina, en youtube para ver en el SmartTV y en la app del celular.

3. Propósito e Impacto Social

Como bien señalan las tendencias de 2026, los líderes radiales están priorizando el legado sobre la fama.

* Voz de confianza: En un entorno saturado de fake news y desinformación, el éxito es la credibilidad. Ser la marca que el usuario elige para confirmar "si esto es verdad o no".

* Responsabilidad social: Las radios que lideran son aquellas que asumen causas (medio ambiente, seguridad ciudadana, educación) y usan su plataforma para generar cambios tangibles en su entorno.

4. Nuevas Métricas de Negocio

El éxito financiero ya no viene solo de las grandes pautas publicitarias tradicionales (spots de 30 segundos).

* Experiencia Total: Se busca que el anunciante sea parte de una experiencia. El éxito es integrar marcas de forma orgánica en contenidos que aporten valor, no solo interrumpir con ruido.

* Monetización de nichos: Entender que es mejor tener 10.000 oyentes ultra-leales y segmentados que 100.000 que no tienen nada en común.

Resumiendo: El verdadero éxito en la radio actual es permanecer. No solo en el aire, sino en la vida cotidiana de las personas como una herramienta útil, humana y, sobre todo, creíble.

Q Radio





 

El problema de percepción de la radio: por qué un medio que llega a todos sigue pareciendo invisible.

La radio tiene uno de los problemas de imagen de marca más extraños de los medios modernos. Llega a más del 90% de los argentinos cada semana (según Kantar IBOPE Media), atravesando todas las edades, niveles socioeconómicos y geografías. Sigue siendo el compañero diario en el auto, la cocina y la oficina. Sin embargo, dentro de la industria y entre el público más joven, a veces se la trata como una reliquia: algo que la gente "usaba", incluso mientras la están escuchando activamente en este preciso momento.

Esa desconexión es el gran dilema: la radio está culturalmente presente, pero mentalmente ausente. El problema no es el alcance. El problema es cómo señalizamos nuestra relevancia.

El peso de la invisibilidad

El mayor desafío de la radio siempre fue su invisibilidad. Encaja en la vida sin exigir atención constante. No tenés que elegirla; simplemente está ahí. Antes, esa facilidad hacía que la radio pareciera mágica; hoy, hace que parezca olvidable. Las plataformas que requieren esfuerzo (abrir una app, armar una playlist, elegir un feed) se sienten más "intencionales" y, por ende, más valiosas, incluso cuando la experiencia real es menos satisfactoria que el vivo.

La percepción también depende de quién se lleva el crédito. Cuando alguien descubre un temazo, escucha una noticia de último momento en medio del caos del tránsito o se siente menos solo en un viaje largo, rara vez dice: "La radio hizo eso por mí". El valor se experimenta, pero la marca no recibe el crédito. La radio ofrece utilidad emocional sin recibir el reconocimiento que merece.

El relato de la industria

Dentro del medio, el problema de imagen es todavía peor. La radio suele hablar de sí misma como si estuviera en una posición defensiva permanente, haciendo énfasis en la "supervivencia" en lugar de en su importancia. Esa postura se filtra a la cultura general.

Mientras tanto, los más jóvenes no rechazan la radio por ser antigua. Lo que pasa es que el streaming les cuenta constantemente una historia sobre quiénes son ellos. La radio cuenta menos historias sobre su rol en la vida de las personas. Cuando un medio no articula su propio significado, otros lo definen por vos, y generalmente lo hacen con términos atrasados.

¿Cómo cambiamos esta percepción?

  1. Dejar de presentarnos como un formato y empezar como un servicio: No es "esto es lo que pasamos", sino "esto es lo que hacemos por vos". Reducimos la carga mental. Damos compañía. Creamos una sensación de tiempo compartido. Curamos el día. Cuando la radio explica su valor en términos humanos y no técnicos, la percepción cambia.

  2. Hacer visible lo invisible: Hay que celebrar los pequeños momentos. El tema que no sabías que necesitabas escuchar, la voz que te ayudó a bancarte el embotellamiento, la risa que no esperabas a las 7:42 de la mañana. La gente recuerda momentos, no plataformas. La radio ya crea esos momentos, pero no los reclama con suficiente fuerza.

  3. Modernizar la autoimagen: La industria tiene que sentirse parte del presente para que el público la vea de la misma forma.

La radio no tiene un problema de alcance (con ese 90% de share semanal en Argentina la llegada es indiscutible). Tiene un problema de historia. Y la solución no es tecnológica. Es narrativa.


 

La Radio no es un negocio de contenido. Es un negocio de habitos diarios. (Dave Sturgeon)

La mayoría de la gente sigue malinterpretando a la radio porque piensa que es un negocio de contenido.

No lo es.

La radio es un negocio de hábitos diarios.

Aparece a la misma hora, en los mismos lugares, con las mismas voces familiares: el viaje al trabajo a la mañana, las obras en construcción, las oficinas, las cocinas, las rutas de reparto. Esa consistencia no es un accidente; es el producto.

La confianza, la rutina y la relevancia geográfica son los verdaderos activos de la radio. Y esas no son cosas que un algoritmo pueda crear fácilmente, ni mucho menos de forma barata.

Por eso la radio no necesita correr detrás de cada nueva tendencia de plataforma para seguir siendo relevante. Ya es dueña de algo mucho más valioso: un lugar predecible en la vida cotidiana de las personas.

Cuando un medio se convierte en un hábito, deja de competir por la atención. Simplemente la tiene.

¿Y la prueba?


 

Lo digital conecta dispositivos. La radio conecta personas. El mejor marketing conecta las dos cosas. (Dave Sturgeon)

La mayoría del marketing hoy en día asume que la gente está quieta, clavada mirando una pantalla.

Pero los clientes reales no están quietos.

Están manejando. Están trabajando. Están haciendo las compras. Están manejando sus negocios. Están viviendo en sus barrios.

Y ahí es donde vive la radio.

Un aviso digital le llega a alguien que est

á haciendo scroll a la noche. Un mensaje de radio le llega a alguien que está pasando por la puerta del negocio de tu cliente a la mañana.

Uno captura la atención. El otro captura el momento.

Esto es lo que los anunciantes y las agencias tienen que entender:

Cada semana al aire no solo suma alcance: fomenta la familiaridad, la confianza y la disponibilidad mental. En economías inciertas, la gente no elige necesariamente la "mejor" marca; elige la marca que reconoce.

Los medios digitales son como un cartel en una autopista por la que la gente pasa a 100 km/h. La radio es la voz que va sentada en el asiento del acompañante, hablándoles mientras manejan.

Por eso la radio no es un canal más en el mix de medios.

Es el puente entre el marketing y el comportamiento.

La mayoría de los medios compiten por un lugar en la pantalla. La radio se gana un lugar en la vida real.

Cuanto más digital se vuelve el mundo, más valioso se vuelve el peso de los medios reales.




 

La radio solía enseñarnos por qué la música importaba. ¿Qué pasó? (por Dave Van Dyke)

¿A dónde se fueron los "musicólogos" de la radio?

No desaparecieron. Los desplazaron.

Ajuste de formatos y miedo al riesgo A medida que la radio se volvió más investigada, centralizada y conservadora, la profundidad fue discretamente reclasificada como "distracción". Explicar quién produjo un disco o por qué era importante no rendía bien en un mundo obsesionado con los cuartos de hora (quarter-hours). La personalidad del locutor se redujo a la eficiencia.

El auge del algoritmo Spotify, Apple Music y YouTube absorbieron la función de descubrimiento, pero sin la voz humana. La máquina no te explica por qué un disco es clave; simplemente te tira el tema que sigue. Durante un tiempo, eso pareció ser "suficiente".

La migración Los apasionados de la música no dejaron de hablar de ella. Simplemente cambiaron de lugar:

Empezaron a hacer podcasts.

Escribieron newsletters en Substack.

Armaron comunidades en YouTube y TikTok.

Se convirtieron en historiadores, editores de playlists o influencers de nicho.

En otras palabras, se fueron a donde la profundidad es bienvenida en lugar de ser penalizada.

El rock mismo cambió La radio de rock solía premiar la "alfabetización musical": bandas, productores, escenas, linajes. A medida que el pop, el hip-hop y el consumo algorítmico ganaron terreno, la necesidad de explicar el disco fue desapareciendo. Las canciones pasaron a ser momentos, no movimientos.

¿El público los extraña?

Acá está la verdad incómoda: El público que los extraña existe, pero la radio prácticamente dejó de hablarles.

Fijate el éxito de los podcasts de música de larga duración.

Fijate el resurgimiento del vinilo.

Mirá a los creadores de TikTok que solo explican canciones y juntan millones de vistas.

Mirá los documentales, las biopics y los análisis de "álbumes clásicos".

La gente no perdió la curiosidad. Perdió el lugar en el dial donde esa curiosidad era recompensada.

La verdadera pérdida no fue la trivia, fue la confianza Esos locutores generaban una sensación de: "Si esta persona dice que esto importa, es porque realmente importa". Esa confianza es oro puro. Los algoritmos no pueden reemplazarla, el voice-tracking no puede fingirla y el branding no puede sustituirla.

La oportunidad que la radio sigue dejando pasar

La radio no necesita convertir cada salida en una cátedra. Pero necesita desesperadamente recuperar una alfabetización musical creíble, especialmente para:

Artistas heritage (consagrados).

Formatos recurrents.

Formatos para adultos que se basan en el significado y no solo en la novedad.

Irónicamente, en el momento en que la radio se alejó de los musicólogos, el público empezó a buscarlos en otros lados. Y lo mejor de todo es esto: la radio sigue siendo dueña del mejor escenario para ellos. Simplemente dejó de invitarlos a subir.




sábado, enero 24, 2026

 

Los oyentes de radio: quiénes son y cómo conectar mejor con ellos (por Dave Van Dyke)

 A la audiencia de radio se la suele describir de forma muy general, pero la verdadera oportunidad está en entender por qué los distintos oyentes la siguen eligiendo y cómo activar esas motivaciones para lograr un compromiso más profundo. El oyente actual no responde a un solo perfil; es un conjunto de comportamientos moldeados por el hábito, el contexto y la comodidad.

El oyente habitual (El "Fiel")

Son los usuarios diarios, con tendencia a ser adultos pero para nada desconectados. Para ellos, la radio es un ritual: en el auto a la mañana, de fondo en el trabajo, o a la tarde para bajar un cambio. Lo que a veces se entiende mal es que su lealtad no es pasiva. Valoran la previsibilidad, sí, pero también el reconocimiento. Escuchan porque la radio se sigue sintiendo humana y local.

El oyente al volante (Commuter)

A pesar de la guerra por las pantallas en los autos, la radio sigue dominando porque elimina la fricción. Sin logueos, sin buffering y sin fatiga de decisión. Estos oyentes no quieren elegir; quieren algo que funcione ya mismo.

El oyente joven (Phone-First)

Los más jóvenes no rechazaron la radio; la mudaron de lugar. Se encuentran con ella a través de streams, videos, redes sociales y recomendaciones. Su escucha es intencionada pero fragmentada. Les impresiona menos la disciplina de los formatos y se sienten más atraídos por momentos que se perciben auténticos o culturalmente fluidos.

El consumidor multiplataforma

Hoy es la gran mayoría. Saltan de la radio a los podcasts y de las playlists al video según su humor o lo que estén haciendo. No comparan las plataformas emocionalmente; les asignan "trabajos" específicos.

La visión general

El compromiso futuro de la radio consiste en reconocer que la misma persona suele rotar por distintos modos de escucha. Cuando la radio entiende el contexto —y no solo la demografía— deja de competir por la atención y empieza a ganársela.

Ahí es donde está el crecimiento en este 2026.





 

¿Se nos va la mano con el branding? Cuando la marca de la Radio empieza a jugar en contra (Por Dave Van Dyke)

El branding se supone que está para construir memoria, confianza y preferencia. Pero hay un punto —uno que muchos medios cruzan sin darse cuenta— en el que la marca deja de trabajar para vos y empieza a ser tu propio enemigo.

Y sí, el sobre-branding es real.

La repetición siempre fue la piedra angular de cualquier estrategia de radio. "Decí el nombre de la radio todo el tiempo y la audiencia se lo va a acordar". Esa lógica tenía sentido antes; hoy, quedó totalmente desfasada.

La verdad incómoda es esta: el sobre-branding acelera la "comoditización". Cuando cada bache, cada separador y cada transición suena como un ejercicio de marketing, el público deja de percibir distinción y empieza a escuchar monotonía. La marca no se siente más fuerte; se siente más ruidosa.

No es solo un problema de las AM o las noticias

Las radios de noticias o de debate son los infractores más obvios. Ese recordatorio constante de que son "líderes", "confiables" o "último momento" corta el ritmo y debilita la credibilidad. Cuando el branding pisa la narrativa o la emoción, la marca se asocia con la interrupción y no con la autoridad.

Pero la radio musical sufre igual, o incluso más. En los formatos musicales, el exceso de marca:

Si el nombre de la radio importa más que el momento musical, el oyente se pregunta inconscientemente: “¿Por qué estoy escuchando esto en lugar de poner mi propio streaming?”. Eso no es una victoria de marca; es un error táctico.

El peligro real: el cansancio, no el olvido

La mayor parte del sobre-branding nace del miedo: miedo a que la audiencia se olvide de la radio, del dial o del nombre. Pero el público no se olvida de las marcas con las que conecta emocionalmente.

Lo que sí hace el público es ignorar a las marcas que interrumpen demasiado. Una vez que el oyente puede predecir el eslogan antes de que el locutor lo diga, el cerebro deja de procesarlo. En ese punto, el branding dejó de ser un refuerzo para convertirse en ruido blanco. 


Un branding inteligente no significa "menos" marca

Significa una mejor imagen de marca. Las marcas más fuertes hoy no declaran quiénes son: lo demuestran.

Si un momento se siente auténtico, memorable o emocionante, ese momento ya es la marca, aunque no se mencionen las siglas ni una sola vez.

En conclusión

El branding funciona mejor cuando:

  1. Mejora la experiencia del oyente.

  2. Respeta a la audiencia.

  3. Confía en la memoria en lugar de forzarla.

El objetivo no es decir tu nombre más seguido. Es lograr que tu audiencia sienta que está en un lugar que no puede encontrar en ningún otro lado. Cuando lográs eso, no se olvidan más.


 

Streaming, podcasts, radio: usamos cada uno por una razón completamente distinta (Por Dave Van Dyke)

 

Durante años, la industria del audio se hizo la pregunta equivocada: ¿Por qué la gente elige una plataforma en lugar de otra?

Siempre se asumió que la elección dependía de la edad, el gusto o la tecnología. Pero el comportamiento real de la audiencia cuenta otra historia. La gente no elige el audio solo por preferencia; lo elige según lo que necesita en ese momento.

Cada plataforma entrenó a los oyentes para comportarse de formas específicas:

Y después está la radio.

Mientras el streaming nos obliga a elegir, las redes a figurar y los podcasts a concentrarnos, la radio sigue siendo el único medio que permite escuchar sin decidir y, al mismo tiempo, ofrece personalidad, compañía y una experiencia compartida.

La radio no elimina la elección: la absorbe. En un mundo saturado de opciones, la radio te saca de encima la carga de decidir qué viene después. La emisora, el locutor, el formato; ellos eligen para que el oyente no tenga que hacerlo. Eso no es una limitación. Es su mayor virtud.

Así es como la radio resuelve el "estrés de decisión" de la audiencia:

Por eso la radio sigue siendo fuerte en los lugares donde la fatiga por decidir es más alta: el auto, la oficina, la cocina o los espacios compartidos. Son momentos donde la gente no quiere gestionar contenido; quiere que el contenido se gestione solo.

Cuando la radio se evalúa estrictamente como un reproductor de música, siempre va a estar en desventaja. Pero cuando se entiende como una experiencia funcional —una que reduce la carga mental y a la vez conecta personas— su valor real salta a la vista.

El futuro del audio no se trata de que una plataforma reemplace a la otra. Se trata de que cada una entienda su rol en la vida del oyente:

Y ese alivio puede ser la forma más poderosa de fidelidad que el audio puede crear.


 

El oyente que la radio imagina vs. el oyente que realmente la escucha (por Dave Van Dyke)

La radio se pasó la vida entera imaginando a su oyente ideal.

Ese oyente está alerta. Concentrado. Emocionalmente disponible. Se fuma las tandas publicitarias como si fuera un deber cívico. Escucha cada palabra que dice el locutor. Se da cuenta si el bache entre temas duró un segundo de más. Agradece la artística. Entiende las reglas del concurso a la primera.

Ese oyente es imaginario. 

El oyente que la radio recibe de verdad está manejando, está colgado pensando en cualquier cosa, llega tarde, tiene hambre, está un poco estresado y apenas registra que la radio está prendida. No es que eligió la radio con lupa; terminó ahí. Está escuchando... pero no "escuchando-escuchando".

Y ahí es donde aparece la comedia. El oyente imaginado escucha un bloque perfectamente producido. El oyente real escucha: "—y a continuación— ah, buenísimo, este tema". El oyente imaginado nota la coherencia de la marca. El oyente real nota cuando la canción suena más rápido o le cortaron el final. El oyente imaginado escucha de forma lineal.

El oyente real escucha de forma oportunista: hasta que el semáforo se pone en verde, le entra un llamado o la vida lo interrumpe otra vez.

Los programadores lo saben. El equipo de la radio lo sabe. Sin embargo, las reuniones de producción siguen girando en torno al oyente imaginado: ese que presta atención, evalúa el producto y tiene opiniones formadas sobre los separadores. Mientras tanto, el oyente real está doblando la ropa. 


Acá está el giro: la radio no tiene éxito a pesar de esa escucha distraída. Tiene éxito gracias a ella.

La radio es el medio que no te exige contacto visual. No te pausa la vida; viaja al lado tuyo. El oyente real no se "inclina" hacia el parlante; deja que la radio lo acompañe.

Por eso la claridad le gana a la astucia. Por eso funciona la repetición (aunque nosotros mismos pongamos los ojos en blanco). Por eso los mejores locutores suenan como compañeros y no como presentadores de gala. Y por eso los momentos importan más que la perfección.

El oyente imaginario quiere que la radio lo impresione. El oyente real quiere que la radio encaje en su día.

Cuando la radio se olvida de esto, sobreproduce, le mete demasiada marca y sobreexplica todo. Cuando la radio lo recuerda, el medio fluye sin esfuerzo —incluso cuando, detrás de escena, el trabajo sea enorme—.

El futuro de la radio no le pertenece al oyente que presta muchísima atención. Le pertenece al que está en otra... y se queda escuchando igual.

La radio sigue ganando porque encaja con la vida real.


 

Cuando "sin publicidad" no es realmente gratis: por qué la promesa favorita de la radio puede fallar (Por Dave Van Dyke)

Durante años, la radio se apoyó en una de sus tácticas más conocidas para convencer a la audiencia de que pasa "más música que los demás": el bloque exclusivo sin cortes. Ya conocés la frase de memoria: "Fueron siete canciones seguidas... sin publicidad"


En los papeles, parece una victoria para el oyente. En la realidad, puede estar dañando silenciosamente la confianza. Porque la verdad es que los oyentes no son ingenuos. Saben que esas tandas van a llegar —y a menudo en bloques más largos e intensos para "compensar" el tramo libre. Entonces, en lugar de generar buena voluntad, la táctica suele provocar el efecto contrario: aumenta la irritación y desgasta la credibilidad.

Expectativa vs. Realidad

La psicología conductual nos dice que la palabra "gratis" o "libre" dispara una expectativa muy fuerte. Cuando algo se promete como gratuito, el consumidor espera costo cero, sin letra chica. Por eso, cuando el "sin cortes" es en realidad un "te la cobro después", la interrupción posterior se siente mucho peor que si no se hubiera prometido nada.

El contraste hace que la tanda publicitaria se perciba más pesada, larga e intrusiva —incluso cuando la carga total de anuncios no haya variado.

¿De verdad los oyentes se lo creen?

La mayoría entiende que la publicidad es el precio de la "radio gratis". Muchos incluso aceptan ese intercambio. Lo que no les gusta es que los manipulen emocionalmente. En el momento en que un oyente siente que la promesa fue más un recurso de marketing que una verdad, la relación con la marca se debilita. No pasa de la noche a la mañana, ni de forma dramática. Pero ocurre en silencio. Repetidamente. En conjunto.

Y esa erosión de la confianza es mucho más dañina que cualquier tanda individual.

¿Realmente funciona?

Sorprendentemente, las investigaciones sugieren que la mayoría de los oyentes no se escapan inmediatamente cuando arrancan los avisos. Muchos se quedan. El abandono aumenta no solo por la existencia de la publicidad, sino por cómo se empaqueta y se percibe.

Y la manipulación rara vez genera lealtad.

Un mejor camino a seguir

Si la radio realmente quiere estirar el tiempo de escucha y reconstruir la lealtad emocional, las mejores estrategias no pasan por eslóganes tramposos. Tienen que ver con:

La industria no necesita trucos psicológicos. Necesita credibilidad, coherencia y respeto por la inteligencia del oyente. Porque el "sin publicidad" no es gratis si te está costando, silenciosamente, la confianza de tu público.


miércoles, enero 21, 2026

 

Por qué la gente sigue escuchando las mismas canciones después de 50 años (Dave Van Dyke)

 

Seamos honestos: en teoría, esto no debería funcionar.

Canciones grabadas hace medio siglo. Reproducidas una y otra vez. A veces, varias veces al día. Criticadas, ridiculizadas y descartadas como "quemadas".

Y, sin embargo, el público sigue escuchando.

Sin tolerarlas. Sin soportarlas. Escuchando.

Eso se debe a que estas canciones dejaron de ser "música" hace mucho tiempo.

Estas canciones no se escuchan, se sienten. 


Tras décadas de exposición, una canción ya no funciona como contenido. Se convierte en un atajo emocional.

Los oyentes no reaccionan a la letra ni a la producción. Se reconectan con:

quiénes eran cuando la vida se sentía abierta

momentos antes de que la responsabilidad los agobiara

una versión de sí mismos que aún les resulta familiar

Por eso la repetición no debilita el impacto. Lo profundiza.

"La gente ya no escucha estas canciones. Se recuerdan a sí mismos a través de ellas". La familiaridad no es aburrida, es eficiente. La mayor parte de la escucha ocurre en entornos con mucha carga cognitiva:

-conducir

-trabajar

-multitarea

-gestionar el estrés

 

En esos momentos, el cerebro no busca descubrir. Busca tranquilidad.

 

Una canción de 50 años no requiere esfuerzo, ni riesgo emocional, ni procesamiento. Simplemente encaja.

"Cuando la vida es exigente, la familiaridad se convierte en una característica, no en un defecto".

El oyente no eligió la canción.

Aquí es donde la radio a menudo malinterpreta su propio éxito.

Los oyentes no sintonizan una canción específica. Eligen:

-una emisora ​​confiable

-un sonido predecible

-una emisora ​​conocida

-seguridad emocional


La repetición se convierte en tranquilidad. Escuchar las mismas canciones confirma que la emisora ​​se mantiene en su carril.

"La canción no es el destino. La emisora ​​lo es".

El hábito supera a la preferencia casi siempre.

Esta es la verdad incómoda:

"La gente no escucha lo que le gusta. Escucha lo que está acostumbrada".

 

Años, a veces décadas, de escucha habitual convierten una emisora ​​en parte del ritmo diario. Una leve irritación rara vez provoca desconexión. La interrupción del patrón sí.

La audiencia cambió, y con ella la recompensa.

 

El oyente que amaba estas canciones a los 25 años las escucha de forma diferente a los 55 o 65.

Lo que antes le emocionaba, ahora le da estabilidad.

Lo que antes le parecía rebelde, ahora le da seguridad.

La recompensa emocional no se desvaneció, sino que evolucionó.

La verdadera lección para la radio:

Los oyentes no se aferran a las canciones antiguas por falta de gusto.

Las usan como:

anclas emocionales

reductores de estrés

continuidad en un mundo fragmentado

Pero la comodidad tiene un plazo de caducidad.

La oportunidad para la radio no es abandonar la familiaridad, sino renovarla sin romper la confianza. Porque el verdadero riesgo no es la repetición.

Es confundir la memoria con el impulso.


sábado, enero 10, 2026

 

No capacites a tu reemplazo. (Sobre Eleven Labs)


Cómo la timba del mango fácil está liquidando la locucion y el doblaje desde adentro. Por Rob Marley.

Hace poco, un locutor y actor de doblaje subió un link a Reddit que llevaba a una web armada con IA. Ahí explicaba cómo sentía que lo habían estafado con los pagos de su clon de voz en ElevenLabs. La página es detallada: números de uso, lo que esperaba cobrar, los plazos. Parece el descargo de alguien que intenta hacer cerrar una promesa con un balance que no le da ni de casualidad.

Que tenga razón con los números es casi lo de menos. Lo que importa es lo que la situación dice de fondo.

Cuando salió la clonación de voz, muchos abrieron el paraguas con razón: una tecnología nueva que la gente no termina de entender debería hacer que los locutores y doblajistas la piensen dos veces antes de mandarse de cabeza. Pero, a pesar de las advertencias, un montón de gente se apuró a subirse al tren. No pensaban en la ética ni en qué iba a pasar después. Pensaban en el ingreso pasivo. La oferta era tentadora: grabás una vez y dejás que tu clon digital haga el laburo. Te tirás a "descansar" mientras caen los dividendos. Sin castings, sin retomas, sin clientes; solo guita que aparece mientras hacés otra cosa.

Esa fantasía salió cara.

Muchos se convencieron de que eran unos vivos bárbaros. Tipos con visión, que se estaban atajando del cambio. Algunos lo vendieron como "adaptación". Otros lo vieron como plata de arriba. La idea de que esto podía vaciar la industria ni se les pasó por la cabeza, o la despacharon con las excusas de siempre sobre el progreso y lo inevitable.

Ahora la realidad les dio un cachetazo: los pagos son monedas. El uso es un subibaja. Las plataformas manejan los hilos de todo lo que importa. Las condiciones te las cambian por abajo de la mesa. Los reportes son cualquier cosa menos claros. Las voces entran en una bolsa común, se liquidan, se normalizan. El que puso la materia prima no pincha ni corta una vez que el sistema arranca. En ese punto, sos un espectador mirando numeritos en un panel, rogando que signifiquen lo que vos creés.

Las empresas de IA están para escalar. Optimizan volumen y bajan costos. Los que aportan son piezas intercambiables. Una vez que juntaron datos suficientes, lo que valga cada uno individualmente cae en picada. Así funcionan estos sistemas. Esperar lealtad o un trato justo de esa estructura es de ingenuos.

Lo que da más bronca es que el daño no se queda solo en los que se metieron. Cada clon entrenado le baja la vara a todo el resto: las tarifas se hacen bosta. Los clientes empiezan a dudar de por qué pagarle a un humano cuando una voz sintética zafa lo suficiente para lo que necesitan. La industria cambia, y los que ayudaron a que esto pase se sorprenden de que no les hayan guardado una silla en la mesa. Nunca se las iban a dar.

No se trata de odiar la tecnología. Las herramientas cambian y el laburo evoluciona. Es lo normal. Se trata de tener criterio. De darse cuenta de cuándo te están pagando para que te serruches el piso solo y entender que un mango rápido hoy puede costarte muchísimo más de lo que te da.

Vender tu voz siempre fue parte del laburo. Entregar lo que te va a reemplazar es cruzar una línea muy distinta. Una vez que perdés ese control, el arrepentimiento no te lo devuelve. No hay vuelta atrás. No hay reclamo que valga cuando la plataforma decide que ya no le servís.

Ese posteo en Reddit es un aviso: se vienen muchas más historias así. Los sistemas van a mejorar. La guita va a ser menos. El poder se va a seguir alejando de los que se creyeron más vivos que nadie.

Los actores de doblaje y locutores tienen que pensar más allá de un puñado de dolares. No entrenen a su reemplazo. No importa qué tan brillante parezca la oferta. Cuando alguien les ofrezca plata para ayudarlos a sacarse de la ecuación, créanles. Cuando el espuma baje, algunos van a seguir en pie. Otros se van a quedar escuchando a otro decir las palabras que no querían oír: "Te lo dijimos".

Para los que recién arrancan, esto no es el fin del mundo. El camino nunca fue ser más ruidoso, rápido o barato que una máquina. Siempre se trató de ser humano de formas que un sistema no puede caretear por mucho tiempo: el gusto, el criterio, el saber escuchar, el timing, la adaptación. La capacidad de leer el ambiente y resolverle un problema a otro cara a cara. Esas cosas siguen pesando. Y siempre va a ser así. El laburo que sobreviva no va a venir de modelos de entrenamiento ni de buscar el camino corto. Va a venir de los que ponen el cuerpo, hacen la tarea y construyen confianza sesión tras sesión. Ese camino no tiene luces de neón, pero es el posta. Y todavía está ahí.


jueves, enero 08, 2026

 

La radio es como la gravedad.

 

La gravedad es esa fuerza invisible que nos mantiene a todos con los pies sobre la tierra.

No la ves. No la cuestionas. Pero todo depende de ella.

Dave Sturgeon, analista y especialista del medio, dice que con la radio pasa lo mismo.

Mientras las plataformas digitales globales se expanden al mundo, la radio hace el camino inverso: se focaliza en lo local.

Pone el foco en lo que de verdad importa:

Las calles por las que manejás todos los días.

Los locales a los que vas en persona.

Lo que sentís.

El embotellamiento en el que estás atascado.

Las voces que reconocés al toque.

Ese imán es lo que vale.

Porque la influencia no se logra solo por el alcance, sino por la relevancia.

Los algoritmos pueden apuntar a un código postal, pero no pueden generar sentido de pertenencia.

La radio no se limita a pasar audio para un mercado; se queda anclada ahí mismo.

Por eso la radio todavía:

Hace que los negocios del barrio despeguen.

Moviliza a la gente en una emergencia.

Junta plata para causas que importan de verdad.

Logra que una marca sea un nombre familiar.

Esto no es una cuestión de escala. Es gravedad.

Y la gravedad no falla nunca.

La confianza no se puede "segmentar". Te la tenés que ganar todos los días, ahí en el dial, siendo constante. Tal cual como hace la radio.

Por eso, en un mundo obsesionado con lo "global", la radio sigue siendo el medio local más potente del planeta.


martes, enero 06, 2026

 

Realidad del mundo del audio y la radio: balance del 2025

Cada año, para esta época, aparecen los mismos comentarios de siempre en mi feed:

"Los podcasts mataron a la radio". "El streaming reemplazó a la radio". "La radio satelital en Estados Unidos lo cambió todo".

Buenas opiniones. El tema es que no coinciden con los datos.

Según los últimos números de Nielsen / Edison Research, los adultos en EE. UU. pasan más de cuatro horas por día escuchando audio. De todo lo que se escucha con publicidad:

Un gráfico lo resume todo: cuando juntás todo el audio con avisos en una sola barra, la radio se queda con más de dos tercios del total; el resto compite por el tercio que sobra.

Es cierto, los oyentes más jóvenes están sumando opciones on-demand. Entre los 18 y 34 años, la cosa está así:

Eso no es que la radio esté "perdiendo". Sigue ganando, incluso en el segmento que más cambió.

¿Y cuando mirás a los adultos de más de 35? Ni se le acerca:

Otra verdad incómoda: el 80% de lo que se escucha en el auto sigue siendo radio. Ahí es donde están el alcance, la frecuencia y el hábito.

¿Qué escucha la gente?

Palabra hablada. Relevancia local. Voces de confianza.

Esto es lo que los posteos de "la radio murió" no llegan a entender:

Los podcasts, el streaming y el satélite no reemplazaron a la radio. 👉 Expandieron el universo sonoro.

La radio sigue siendo la plataforma de audio n.º 1 del mundo porque es:

Conclusión de fin de año:

El mundo del audio nunca fue tan grande como ahora. La radio sigue siendo el barco insignia.

Todo lo demás suma, pero no la saca del lugar.


lunes, enero 05, 2026

 

Comprobado: La radio musical necesita más locución.

Si sos director, no le cierres la boca a tus locutoresy locutoras, entrenalos para que aprendan a hablar de cosas interesantes y a manejar los tiempos, pero sobre todo, impulsalos a contar historias y anécdotas de sus vidas que se puedan relacionar con la música que presentan.

 

¿Quién iba a pensar que en esta época de plataformas de streaming la gente reaccionaría positivamente a lo que dicen los locutores y locutoras entre tema y tema?

Hace unos años, la Escuela Annenberg de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad de California del Sur publicó en los Estados Unidos un estudio sobre la influencia que las personalidades de radio tienen en sus oyentes.

Sabemos que los conductores de programas de radio “periodísticas” o de “noticias” tienen un vínculo fuerte con sus oyentes porque comparten opiniones, por su parte, los locutores de radios musicales conectan con la audiencia a través de sus canciones favoritas.

Este estudio, incluyó a oyentes de entre 18 y 39 años, también sostiene que hay otra razón por la cual los oyentes se enganchan con los presentadores: su personalidad, algo que muchos directores de radios musicales trataron de cancelar en su búsqueda por pasar más música y hablar menos.

El mensaje es clarísimo: los oyentes se conectan con los locutores por lo que dicen al aire y no solo por la música que programan. En pocas palabras, la Escuela Annenberg nos recuerda que es hora de que los locutores hablen y los directores de radio se callen. La radio no puede competir contra Spotify simplemente pasando más música y hablando menos.

El estudio incluye el término "interacción parasocial" (PSI) que describe esa intimidad que se genera entre los personajes de los medios y la audiencia. La PSI analiza la relación que se da entre una "persona normal" y "personajes famosos" como estrellas de cine, deportistas y personalidades de la radio.

La PSI es una fuerza poderosa que crea un vínculo entre el oyente y el locutor; esto hace que la gente esté pendiente de su presentador favorito y se quede más tiempo escuchando la radio cuando ese locutor está al aire. 


El estudio ofrece algunos valores interesantes para tener en cuenta:

Es importante destacar que este estudio, que contó con 733 participantes: 69,5% mujeres y 30,5% hombres con la  la misma PSI para ambos géneros, habla de los locutores y locutoras de radios musicales, que tienen un tiempo limitado para hablar entre canciones (Radio Formula). Esto es lo más sorprendente de los resultados. 


Por otro lado, las redes sociales juegan un papel clave en la interacción parasocial (PSI). Permiten que el oyente se sienta todavía más conectado con su locutor o locutora. Los resultados muestran lo importante que es que las personalidades de la radio tengan un perfil en Facebook, Instagram o YouTube.

Evidentemente, las redes sociales juegan un papel tan importante en la construcción de la PSI como lo que el locutor o locutora hace al aire. Es una herramienta fundamental para armar una buena base de seguidores, ganar audiencia y asegurarse el laburo en radio.

Ahora, dejando de lado las cifras, veamos las respuestas a dos preguntas abiertas de la encuesta. Estas respuestas nos dan la clave para tener éxito en radio y ganarle a la competencia.

Pregunta: “¿Qué es lo que hace que él/ella/ellos sean sus personajes favoritos de radio?”

Respuesta: “Sabe conectarse con el oyente; se siente como si fuera uno de nosotros”.

Pregunta: “Explicá por qué comunicarte a través de las redes sociales con tu personalidad de radio favorita te hace sentir que los conocés mejor”.

Respuesta: “Al tomarse el tiempo para responder, construimos una relación aunque nunca nos hayamos visto o no me conozca personalmente”.

Respuesta: “Siento que leer los posteos en Facebook de mi radio o de mi personaje favorito me ayuda a sentirme un poco más conectado y me permite compartir mis opiniones con ellos más fácilmente. Esto definitivamente ayuda a acercar la radio a sus oyentes, y nosotros tenemos la oportunidad de pedir algo en particular, compartir un recuerdo o hacer alguna pregunta. Hace que la radio parezca más conectada con el oyente y más accesible”.

Respuesta: “Escuchar sobre sus actividades cotidianas me hace sentir más conectado”. 




¿Querés información más actualizada?

Desde que salió esta información, se compartieron varios estudios sólidos que no solo confirman esto, sino que lo refuerzan, incorporando el papel del streaming, los podcasts y las redes sociales como extensiones naturales del vínculo entre el locutor o locutora y el oyente.

Investigaciones más recientes nos dicen:

1) La interacción parasocial sigue viva… y es más fuerte

La teoría de la PSI hoy es considerada un activo estratégico. Investigaciones entre 2020 y 2024 confirman que:

2) Jacobs Media: menos charla y más fidelidad

Jacobs Media, una consultora muy influyente en EE. UU., demostró en su Techsurvey 2022-2024 que:

3) Nielsen: la voz impulsa resultados de audiencia y comerciales

Datos recientes de Nielsen confirman que:

4) Redes sociales y podcasts: la PSI se expandió

Lo que antes era solo Facebook, hoy es: Instagram, TikTok, Podcasts y clips de video corto. Estudios de Edison Research (2023–2024) muestran que:

Incluso Spotify sabe que el locutor o la locutora es importante

Desde su lanzamiento, el "AI DJ" de Spotify se consolidó como una de las funciones más usadas. Spotify sabe que el engagement real viene de la personalización y la sensación de compañía, algo que están tratando de imitar con inteligencia artificial.



Conclusión:

La radio no compite contra Spotify, sino contra el silencio. Los algoritmos llenan espacio, pero los locutores ofrecen compañía. Sacar locución empobrece el producto. No se trata de hablar más, sino de hablar mejor: con identidad, historias y preparación. El locutor o locutora hoy es un curador musical que le da sentido a la música más allá de la canción.

Si sos director, no le cierres la boca a tus locutores y locutoras. Entrenalos, pero sobre todo permitiles contar historias personales que conecten con la música. Acordate que la información está en todos lados; la diferencia está en lo que vos hagas con ella.


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